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Dimensión Enigma

Leyenda Manabita: Machetearon al Diablo

Un hombre misterioso lleno de dinero apareció en el pueblo para llevarse a las chicas más bonitas

Leyenda Manabita: Machetearon al Diablo
Adrián Cárdenas
Adrián Cárdenas19 de diciembre de 2025
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Yo ya había cumplido más de 40 años cuando decidí contar esta historia por primera vez a mis hijos, sentado en la sala, alumbrado por luces artificiales, porque eran tiempos de recortes de luz.

Esta historia no me la inventé yo; me la contaron mis tíos, mis parientes mayores, y ellos juraban por su alma que ocurrió de verdad, una noche en que el diablo decidió visitar nuestra tierra con forma de hombre.

Un ser muy extraño llegó al pueblo

Todo empezó cuando llegó al pueblo de Montecristi un señor desconocido, montado en un caballo negro como la boca de un pozo. Era un hombre alto, seco, con la cara siempre enojada, como si cargara una rabia antigua. No hablaba mucho, no saludaba a nadie y se hospedó solo, apartado, como quien no quiere mezclarse con los vivos. Desde el primer día, la gente sintió un frío raro al verlo pasar.

Decía que venía a comprar tierras, muchas tierras, que tenía dinero de sobra, que era hacendado y millonario. Pero nadie le quiso vender. Los campesinos decían que algo no estaba bien en su mirada, que sus ojos no parpadeaban como los de una persona normal. Y mientras más insistía, más se cerraban las puertas del pueblo.

Le gustaban las mujeres bonitas

Pronto empezó a fijarse en las mujeres jóvenes, sobre todo en las más bonitas. Las miraba demasiado, con una sonrisa torcida que daba miedo. Los padres se dieron cuenta y comenzaron a esconder a sus hijas. Nadie aceptaba hablar con él, nadie lo invitaba a su casa. El miedo ya se había regado como neblina.

Hasta que una muchacha, que vivía sola con su tía anciana, aceptó recibirlo. No tenían a nadie más, y la pobreza a veces nubla el juicio. Cuando el hombre cruzó la puerta, la tía sintió de inmediato un olor horrible, fuerte, como a azufre y tierra quemada. Se le erizó la piel, pero se quedó callada.

El extraño habló largo. Dijo que tenía mucho dinero, que podía cambiarles la vida, que quería casarse con la joven y llevársela lejos, donde nunca más pasarían necesidades. Prometía tierras, ganado, casas grandes. Todo parecía ir bien, hasta que soltó una carcajada y dejó ver unos dientes de oro que brillaron como fuego en la oscuridad.

Un joven vio la cola del diablo

En la casa también estaba un jovencito, pariente lejano, curioso y despierto. El pequeño fue el primero en notar algo extraño. Miró debajo de la capa negra del visitante y vio lo impensable: una cola larga, oscura, moviéndose despacio. El niño se quedó mudo del susto, pero logró señalar con el dedo. En ese instante, la tía entendió todo.

La mujer, que era creyente y sabia, comenzó a rezar en latín, palabras antiguas que había aprendido de joven. Encendió velas benditas y las colocó alrededor. El aire se volvió pesado. El hombre empezó a sudar, a retorcerse, a quitarse la ropa como si le quemara. Poco a poco su cuerpo fue cambiando, tomando formas de animal.

Mientras más se hablaba de Dios, más aparecía el verdadero rostro del visitante. Los ojos se le pusieron rojos, la voz grave y quebrada. La tía gritó con todas sus fuerzas pidiendo ayuda. En ese momento entró un labrador del pueblo, machete en mano, alertado por los gritos y el rezo desesperado.

El diablo no se quería ir

Entre rezos, agua bendita y palabras sagradas, el diablo se negaba a irse. Rugía, decía “no, no”, golpeaba el suelo. Entonces el labrador levantó el machete y le lanzó el primer golpe. No lo cortó del todo, pero el sonido fue como si golpeara algo que no era de este mundo. Intentaron darle en las manos, y el ser chilló como bestia herida.

Al final, malherido y furioso, el diablo salió huyendo, dejando un olor a azufre y marcas negras en el piso. El caballo relinchó afuera y desapareció en la noche. Desde entonces, en el pueblo se cuenta esta historia como advertencia, y por eso se llama así: Machetearon al Diablo, porque aquella noche, el mal fue enfrentado sin miedo, con fe y con machete.

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