Leyenda: El Krampus, la criatura que se roba a los niños en Navidad
En los Alpes, una antigua figura vuelve cada diciembre una criatura mitad cabra, mitad bestia, con cuernos retorcidos

El sonido que anuncia el invierno
En los pueblos alpinos, la Navidad no siempre se anuncia con luces y villancicos. Para muchos, comienza con un sonido seco y metálico que no pertenece al viento ni a los animales. Son cadenas arrastrándose sobre la nieve, un ruido que los habitantes reconocen sin necesidad de verlo. Dicen que es la señal de Krampus, una presencia que aparece cuando el año se acerca a su fin.
Krampus no es un símbolo decorativo ni una invención moderna. La tradición lo describe como

y una mirada que no promete indulgencia. Su papel es claro: castigar. En estas regiones, la Navidad no solo celebra, también impone reglas, y Krampus es quien se encarga de hacerlas cumplir.
El castigo que acompaña a San Nicolás
La leyenda lo sitúa siempre cerca de San Nicolás. Mientras uno recompensa a los niños obedientes con dulces, el otro se ocupa de quienes no lo fueron. Para ellos, no hay regalos ni segundas oportunidades. Krampus llega con ramas de abedul y actúa como un juez antiguo, sin explicaciones ni apelaciones.
El relato se vuelve más inquietante cuando entra en juego el saco que carga a la espalda. Algunos aseguran que los peores no solo reciben golpes. Aseguran que desaparecen. Según la tradición oral, Krampus se los lleva consigo, rumbo a una cueva en la montaña, como si el invierno los borrara del mapa sin dejar rastro.

La noche del 5 al 6 y el misterio que persiste
Todo ocurre durante la Krampusnacht, la noche del 5 al 6 de diciembre. En esas horas, las casas cierran temprano, las luces se apagan y los adultos repiten la advertencia como una norma básica: no salir, no mirar, no desafiar. Dicen que el verdadero Krampus no actúa como un disfraz ni como un espectáculo; se reconoce por el silencio que deja a su paso y por el peso real de sus cadenas.
Con los años, la tradición se transformó en evento público. El Krampuslauf llena las calles de máscaras, cuernos y gritos, pero el misterio sigue intacto. Cada diciembre aparecen historias difíciles de explicar: personas golpeadas que juran no haber visto a nadie, niños que se pierden por minutos, vecinos que regresan cubiertos de barro y prefieren no hablar. Por eso, en estos pueblos, antes de dormir en Navidad, muchos se hacen la misma pregunta: ¿fui lo suficientemente bueno este año?
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