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Dimensión Enigma

La novia que despertó en su ataúd

Enterrada viva por error, una joven francesa fue rescatada por el hombre que la amaba. Lo que parecía el final... fue solo el comienzo.

La novia que despertó en su ataúd
Adrián Cárdenas
Adrián Cárdenas30 de noviembre de 2025
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En la Francia del siglo XIX, donde el linaje dictaba el destino de las mujeres, vivía Victorine Lefourcade, una joven noble de belleza serena y mirada melancólica. Su corazón pertenecía a Julius Bossuet, un periodista humilde con más sueños que recursos, pero su amor fue condenado por la familia de ella. No importaban los sentimientos, solo el apellido y el patrimonio. Victorine fue obligada a casarse con un hombre poderoso, seco y violento, que la convirtió en una prisionera dentro de su propio hogar. Con el paso de los años, su espíritu se fue apagando lentamente, hasta que la tristeza se transformó en enfermedad... y la enfermedad, en un aparente final. Declarada muerta, fue enterrada en una tumba adornada por flores… sin saber nadie que el alma de Victorine seguía atrapada en su cuerpo.

Cuando Julius recibió la noticia de su fallecimiento, el mundo pareció venirse abajo. Pero su amor no dio paso a la resignación. Una noche sin luna, impulsado por el desespero y una sospecha inconfesable, caminó hasta el cementerio del pueblo. No podía dejarla ir sin antes tener algo de ella, aunque fuera un mechón de su cabello. Cavó con las manos, con rabia, con lágrimas. Y cuando por fin abrió el ataúd, la muerte le devolvió la mirada. Los ojos de Victorine se abrieron de golpe, húmedos, perdidos, vivos. Julius contuvo el grito, y en ese instante, entendió que su locura había salvado una vida.

Victorine había sufrido un ataque de catalepsia, una condición desconocida y temida, que la dejó inmóvil, sin pulso aparente, como muerta. Engañó a médicos, sacerdotes… y hasta al propio cielo. Pero no a Julius. Él la envolvió entre mantas, la sacó en brazos y desapareció con ella en la noche, sabiendo que si alguien descubría lo ocurrido, no solo no le creerían, sino que podrían acusarlos de profanación o incluso de brujería. La historia que vivían ya no era solo de amor, era también una pesadilla de la que debían escapar.

Temerosos de ser perseguidos por las autoridades o condenados por una sociedad que jamás entendería lo que había ocurrido, emprendieron una huida silenciosa. Sin despedidas, sin rastros, sin papeles. Con documentos falsos y el corazón latiendo al borde del abismo, abordaron un barco rumbo a América. Atrás quedaban las lápidas, el horror... y el pasado que alguna vez los separó. Pero la pregunta ardía en el viento como un secreto por revelarse: ¿podrían vivir en paz con un amor que había desafiado a la muerte?

 

Continuará…

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