JACK FROST EL MUÑECO DE NIEVE MALDITO
Con una sierra eléctrica va cobrando víctimas., Un muñeco de nieve cobra vida, convirtiéndose en Jack Frost, un ser vengativo.

Jack Frost: La Venganza Congelada
Kenin era un joven tímido, reservado, con pocos amigos y una imaginación profunda. Al llegar el invierno, decidió construir un muñeco de nieve con los pocos materiales que tenía: una escoba vieja, botones del abrigo de su abuelo y ramas secas como brazos. Era sencillo, pero para Kenin, era su orgullo. Su pequeña obra maestra frente a un mundo frío y cruel.

Al día siguiente, con más entusiasmo que recursos, salió a comprar unas luces navideñas para decorarlo. Sin saberlo, una pandilla conocida como Las Morfetas Heladas lo observaba. Eran jóvenes agresivos, siempre buscando a quién molestar. Cuando vieron a Kenin adornando su muñeco, se acercaron con intenciones oscuras.
“Danos todo lo que tienes”, dijo Jhon, el líder. Kenin, temblando, les dio sus monedas y algo de comida. No conformes con eso, destruyeron su muñeco a golpes. Le volaron la cabeza con un bate, le pusieron un balón sucio, un cigarro en la boca y, como burla final, le incrustaron una sierra eléctrica oxidada en las manos. Kenin solo pudo llorar en silencio.
Nació el monstruo
Esa noche, mientras la nieve caía y el cielo parecía en calma, algo perturbador ocurrió. Las luces rotas del muñeco empezaron a parpadear de forma extraña. Una energía helada lo envolvió. Nadie sabía que la leyenda era real: el espíritu vengativo de Jack Frost había despertado. Y su primera mirada fue para Kenin, herido y humillado.
El primero en pagar fue Carlos, uno de los agresores. Mientras caminaba solo por un callejón, una neblina lo rodeó. Escuchó el zumbido de una sierra, y de las sombras emergió Jack Frost, con ojos brillantes y sonrisa distorsionada. Nadie escuchó su grito. Solo encontraron su cuerpo colgado en una farola, con un mensaje escrito en escarcha: “La nieve siempre devuelve el frío.”
Esa misma noche, Luis, otro miembro de la pandilla, fue despertado por un golpe en la ventana. Al mirar, lo vio: el muñeco, de pie en el jardín, observándolo. Cerró las cortinas y se escondió, pero fue inútil. La puerta se abrió lentamente y un frío sobrenatural invadió su cuarto. Nadie volvió a ver a Luis. Solo quedó su cama vacía… y un rastro de nieve que salía por la ventana.

Una “máquina asesina”
Jhon, el líder, supo entonces que algo no humano los estaba cazando. Se escondió en el garaje de Kenin, esperando que el muñeco lo perdonara. Pero Jack Frost lo encontró. Lo arrastró de las piernas, lo colgó de una viga y encendió su sierra. Kenin, al oír los gritos, suplicó por su vida. Jack se detuvo… pero no sin antes dejar a Jhon colapsado, humillado y temblando.
Navidad llegó. Las luces volvieron a brillar en el pueblo. Nadie resolvió los crímenes. Kenin caminaba tranquilo, con una sonrisa leve. Jhon, en cambio, mendigaba en una silla de ruedas, atormentado. Jack Frost nunca volvió a aparecer… pero su leyenda permanece. Y cada invierno, con el primer copo de nieve, muchos aún recuerdan que la venganza puede tener rostro de escarcha.

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