Salmo 91: la oración que millones repiten en momentos difíciles
Uno de los textos bíblicos más leídos cuando el corazón busca refugio

Salmo 91: vivir confiados bajo la protección de Dios
El Salmo 91 es uno de los textos bíblicos más leídos cuando el corazón busca refugio. No es una promesa de ausencia de problemas, sino una invitación a vivir con confianza en medio de ellos. Desde sus primeros versículos, el salmo presenta una imagen poderosa: quien habita bajo el amparo de Dios no está solo, está cubierto, sostenido y acompañado aun en los momentos más difíciles.
A lo largo del salmo se repite una idea central: Dios es refugio, fortaleza y escudo. Esta protección no se describe como algo mágico o automático, sino como fruto de una relación de confianza. “Diré yo a Jehová: esperanza mía y castillo mío” es una declaración de fe consciente, una decisión personal de creer incluso cuando el miedo intenta imponerse.
El Salmo 91 también habla directamente a los temores humanos: el miedo a la noche, a la enfermedad, a la incertidumbre y a la muerte. No niega que estos peligros existan, pero afirma que no tienen la última palabra. La presencia de Dios no elimina la oscuridad, pero la ilumina; no evita todas las batallas, pero fortalece al que confía para atravesarlas.
Un aspecto profundo del salmo es la promesa de cuidado personal de Dios. Habla de alas que cubren, de ángeles que protegen y de una voz divina que responde cuando se le llama. Estas imágenes no deben entenderse solo de forma literal, sino como un mensaje de cercanía: Dios no observa desde lejos, camina con quien deposita en Él su vida.
Finalmente, el Salmo 91 culmina con una promesa de respuesta y salvación. Dios mismo habla y asegura que estará presente en la angustia, que librará, honrará y dará vida plena a quien lo ama. Es un recordatorio de que la fe no es evasión, sino una forma de enfrentar la realidad con esperanza.
Leer y meditar el Salmo 91 es un acto de descanso espiritual. Nos enseña a soltar el control, a confiar más allá de las circunstancias y a recordar que, aun cuando el mundo se vuelve incierto, habitar bajo la sombra del Altísimo es elegir vivir sin miedo.
Salmo 91 – Reina-Valera
El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo a Jehová:
Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
Él te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día;
Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
Ciertamente con tus ojos mirarás,
Y verás la recompensa de los impíos.
Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación;
No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
Pues que a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
En las manos te llevarán,
Porque tu pie no tropiece en piedra.
Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
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