La cuarta vela de Adviento: la luz del amor que ya se siente cerca
Su llama habla de amor: un amor concreto, sencillo y valiente, capaz de preparar el corazón para recibir a Jesús.

La cuarta vela de Adviento se enciende cuando la espera está por terminar. Su llama habla de amor: un amor concreto, sencillo y valiente, capaz de preparar el corazón para recibir a Jesús con paz y con obras.
En la cuarta semana de Adviento, la corona parece más luminosa y, al mismo tiempo, más silenciosa. La Navidad está a la puerta y la Iglesia nos invita a no quedarnos solo en la emoción de las fechas, sino a darle un sentido profundo a la espera: dejar que el amor de Dios ordene lo que tenemos por dentro, calme lo que pesa y despierte lo que se había dormido.
Esta vela suele asociarse al amor, no como sentimiento pasajero, sino como decisión de cuidar, perdonar, compartir y sostener. Es la llama que nos recuerda que Dios no llega como idea, sino como presencia: entra en una familia, en una casa, en una historia real. Por eso el Adviento no es un “cuento bonito”, sino una preparación seria del alma para que el nacimiento de Cristo no nos encuentre distraídos.
Lectura para hacer en familia o a solas: Lucas 1, 39-45 (María visita a Isabel). En ese encuentro no hay espectáculo, hay ternura. Dos mujeres se abrazan, la esperanza se reconoce y la vida salta por dentro. Lee despacio el texto, guarda un minuto de silencio y pregúntate: ¿a quién necesito visitar yo con un gesto de amor? ¿A quién debo levantarle el ánimo antes de que termine el año?
Oración al encender la cuarta vela: “Señor Jesús, que tu amor ilumine mi casa y mi corazón. Que esta llama me enseñe a amar sin orgullo, a pedir perdón sin excusas, y a servir sin esperar aplausos. Hazme sencillo por dentro para recibirte con alegría limpia. Amén.” Deja que esa oración sea corta, pero verdadera, como una puerta que se abre.
Y para cerrar la noche, o justo antes de dormir, puedes decir otra oración breve: “Padre bueno, gracias por lo que me diste hoy. Sana lo que me dolió, perdona lo que hice mal y bendice a quienes amo. Dame un corazón parecido al de María: disponible, humilde y firme. Que el amor sea mi manera de esperar. Amén.” Con la cuarta vela encendida, el Adviento ya no suena a “falta mucho”: suena a “ya viene”.
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