¿Dios permite momentos tan difíciles?
Un diálogo entre un niño y Jesús que revela que existe un propósito más grande que no vemos.

Hay momentos en la vida en los que el corazón se llena de dudas. A veces sentimos que el mundo pesa demasiado, que lo que vivimos no tiene sentido o que la injusticia nos toca más de lo que podemos soportar. En esos instantes, incluso los más fuertes buscan una respuesta, una luz que explique el porqué de tanto dolor.
Y es ahí, en medio del silencio, donde surge la voz humilde de un niño… ese niño interior que todos llevamos dentro, el que se atreve a preguntar con sinceridad lo que muchas veces callamos por miedo o por cansancio. Este diálogo es un recordatorio de que Dios escucha incluso nuestras preguntas más pequeñas, y que en cada inquietud hay un abrazo esperando.
Niño: Jesús… ¿Por qué la vida a veces es tan injusta?
Jesús: Porque tú ves solo una parte, pero Dios lo ve todo. Cada dolor, cada lucha, incluso ese silencio que te duele, tienen un propósito más grande del que ahora puedes entender.
Niño: ¿Y por qué hay gente que se esfuerza tanto y aun así no le va bien?
Jesús: Porque las bendiciones no siempre llegan cuando tú las quieres. A veces, lo que parece una derrota es solo el camino que te está llevando hacia algo mejor.
Niño: Entonces… ¿debo seguir, aunque me sienta sin fuerzas?
Jesús: Sí. Porque rendirse apaga la luz, pero la fe la mantiene viva. Lo que hoy parece una injusticia, mañana será el inicio de algo que te hará decir: “Ahora entiendo por qué todo pasó así.”
Niño: Gracias, Jesús… ahora entiendo. Aunque duela, todo tiene un propósito. Seguiré adelante con fe.
Jesús: Confía. Sigue caminando. Dios no se ha olvidado de ti.
Reflexión final
A veces la vida nos enfrenta a preguntas duras, de esas que no tienen respuesta inmediata. Pero la fe nos recuerda que lo que hoy nos duele, mañana puede revelarse como parte de un plan que aún no comprendemos. Quien confía, aunque sea con pasos pequeños, siempre encuentra luz en su camino.
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