Ed Gein: Coleccionista de cadáveres
Profanó tumbas, arrancó la piel de sus víctimas y se convirtió en la inspiración detrás de Psicosis.

Edward Theodore Gein, un hombre aparentemente normal de Plainfield, Wisconsin, vivía solo en la vieja granja familiar. Vecinos lo describían como retraído, callado, incluso amable, pero tras esa fachada se escondía un hombre cuya vida estaba marcada por la obsesión, la soledad y la muerte.
Desde su infancia, Ed estuvo bajo la influencia de una madre dominante y fanática religiosa. Le inculcó miedo al mundo y a la sexualidad, y lo aisló de cualquier contacto con otras personas. Esa educación rígida y autoritaria, combinada con una infancia solitaria, sentó las bases de un comportamiento que más tarde se volvería macabro y obsesivo.

Su primera víctima conocida fue Mary Hogan, una tendera local desaparecida en 1954. La policía nunca sospechó de Ed en ese momento, pero investigaciones posteriores revelarían que su fascinación por los cadáveres y su habilidad para manipular la escena del crimen eran mucho más profundas de lo que cualquiera podía imaginar.
Cuando finalmente la policía ingresó a su hogar, encontraron un espectáculo macabro. La casa estaba llena de muebles hechos con huesos humanos, máscaras de piel, restos humanos dispuestos como decoración y muñecas hechas con partes de cuerpos. Cada habitación parecía un santuario de su obsesión, un mundo paralelo donde la muerte era parte de la rutina diaria.
No todos los cuerpos eran víctimas de homicidio directo; algunos restos provenían de tumbas recientes del cementerio local. Gein robaba cadáveres, los desmembraba y los transformaba en objetos. Entre ellos había ropa femenina, cinturones, fundas y máscaras hechas de piel humana. La mezcla de creatividad y morboso detallismo generó un impacto inmediato en los investigadores.
La calma con que Gein realizaba sus actos era perturbadora. Caminaba entre sus macabras creaciones como si fueran objetos normales, sin mostrar remordimiento ni ansiedad. Su comportamiento era metódico, sistemático y sorprendentemente frío, como el de alguien que vivía en un mundo paralelo totalmente separado de la realidad.
El descubrimiento final llegó tras la desaparición de Bernice Worden, dueña de una tienda local. La policía encontró evidencias de homicidio, restos humanos y objetos ritualizados, confirmando que Ed había cruzado la línea del robo de cadáveres al asesinato premeditado y al necromorfismo. Cada hallazgo aumentaba la sensación de horror y desconcierto.
El caso de Ed Gein trascendió su pueblo. Inspiró películas de terror clásicas como Psicosis, La Matanza de Texas y El Silencio de los Inocentes. Pero la realidad detrás de las películas es mucho más escalofriante: un hombre que convirtió su obsesión en objetos físicos y cuya mente se mantuvo fría frente al horror que producía.
Gein no era un asesino al azar; cada crimen y cada objeto reflejaba su relación disfuncional con su madre, su obsesión por la muerte y su incapacidad de relacionarse de forma sana con otras personas. Su historia es un ejemplo extremo de cómo la soledad y las obsesiones profundas pueden transformarse en terror tangible.
Hoy, la granja de Ed Gein y los relatos de sus crímenes siguen siendo referencia en criminología y misterio. Su vida demuestra que la oscuridad humana puede esconderse tras la normalidad, y que incluso el vecino más callado puede albergar secretos capaces de estremecer hasta al investigador más experimentado.
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