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Mis Finanzas

Cuando uno se jubila y el otro no

El desafío económico que muchas parejas ignoran

Cuando uno se jubila y el otro no
Adrián Cárdenas
Adrián Cárdenas6 de diciembre de 2025
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Cada vez más parejas llegan a la jubilación en diferentes momentos. No es raro ver que uno deja de trabajar años antes que el otro, ya sea por desgaste laboral, salud, recorte de personal o simplemente porque “ya no da más”. Pero ese desbalance entre ingresos, tiempo libre y expectativas puede convertirse en una bomba emocional y financiera si no se habla a tiempo.

Para muchas parejas, el salto de dos salarios a uno solo se siente como un terremoto silencioso. Aunque haya buenas intenciones y amor, la vida cambia: aparecen nuevos gastos, surgen miedos que no estaban antes y el ritmo del hogar se transforma. En nuestro país, donde la mayoría depende del IESS, fondos reducidos o pequeños ahorros, ese ajuste puede ser más duro que en otras regiones.

Uno de los mayores errores que se repite en Ecuador es que las parejas “asumen” cómo será la jubilación del otro, sin conversar realmente. Se presupone que con la pensión alcanzará, que la diferencia la cubrirá quien sigue trabajando o que los hábitos no cambiarán. Pero cuando llega la realidad —la pensión más baja de lo esperado, el gasto diario escondido, los medicinas, las ayudas a hijos o nietos— el presupuesto se desordena y la pareja también.

Muchos ecuatorianos mayores que se jubilan primero descubren que tener más tiempo no siempre significa tener más paz. Cuando uno se queda en casa mientras el otro sigue en su jornada laboral, aparece una diferencia de ritmos que puede generar tensiones: uno quiere salir, viajar o emprender, mientras el otro aún vive bajo horarios, estrés y responsabilidades. Esa brecha emocional suele ser más desgastante que la económica.

Los expertos en asesoría financiera aseguran que la clave está en hablar sin miedo, incluso años antes de la jubilación. Definir juntos qué tipo de vida quieren tener después del trabajo: ¿seguir viviendo en la misma casa? ¿Mudarse a un lugar más pequeño? ¿Ayudar a los hijos? ¿Viajar? ¿Emprender? ¿Vivir con austeridad o mantener el mismo nivel de gasto? La conversación debe ser honesta, aunque incomode.

En Ecuador, donde las emergencias médicas pueden desbaratar cualquier presupuesto, es vital conversar sobre seguros, medicinas, cuidados a largo plazo y posibles enfermedades. Ignorar estos temas suele llevar a resentimientos silenciosos: “yo trabajo mientras tú gastas”, “yo cubro todo mientras tú disfrutas la jubilación”, “yo quiero ahorrar y tú quieres vivir el momento”. Son heridas que, si no se hablan, crecen.

También ocurre lo contrario: algunos jubilados sienten culpa al usar el dinero ahorrado, incluso cuando es completamente necesario. Este fenómeno es común en quienes crecieron en hogares humildes o con mentalidad de extrema austeridad, como pasa en muchas familias ecuatorianas. Esa resistencia a gastar puede limitar la calidad de vida y generar frustración en quien sigue trabajando.

El equilibrio lo alcanza la pareja que entiende que la jubilación no es un premio individual, sino una etapa compartida. Definir un presupuesto conjunto, aunque uno gane más y otro menos, puede evitar conflictos. Conversaciones mensuales, caminar juntos, revisar gastos, ajustar metas y redefinir prioridades puede fortalecer el vínculo en vez de quebrarlo.

En general, las parejas que mejor atraviesan esta etapa son aquellas que dejan de lado el orgullo y conversan sobre lo emocional además de lo económico. La jubilación escalonada implica renunciar, adaptarse y reorganizar el hogar entero. Pero cuando ambos se sienten parte del mismo equipo, los cambios se viven con menos temor y más solidaridad.

La vida después del trabajo no es igual para todos, y no tiene por qué ser perfecta. Lo importante es construir una “nueva normalidad” donde ambos se sientan valorados, escuchados y seguros. Más que dinero, se trata de confianza, acuerdo y comprensión.

En Ecuador, donde las familias son más unidas y los gastos se mezclan con responsabilidades hacia hijos y nietos, planificar juntos es esencial. Hablar a tiempo puede evitar quiebres emocionales y permitir que esta nueva etapa —aunque distinta— se convierta en un capítulo más tranquilo y lleno de oportunidades para ambos.

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