Japón y el Anillo de Fuego: cómo mitiga daños sísmicos
Japón, en el Anillo de Fuego, endureció normas desde 1981 y combinó refuerzo estructural con amortiguación y aislamiento de base para reducir colapsos y víctimas.

Japón, ubicado en el Anillo de Fuego, ha desarrollado durante décadas un modelo para mitigar daños humanos y materiales ante terremotos. El país, que registra alrededor de una décima parte de los sismos del mundo, sostiene que su arquitectura sismorresistente busca disipar energía para evitar el colapso. Lo que se sabe es que las reglas de construcción y las tecnologías aplicadas han mejorado el desempeño de muchos edificios.
En lugar de exigir que las edificaciones permanezcan rígidas durante el movimiento del suelo, el enfoque japonés apunta a que se balanceen para absorber y reducir la energía del temblor. Este diseño se apoya en la revisión de normas de construcción iniciada en los años 80, mientras que los edificios previos a esa etapa no necesariamente cumplen con los criterios actuales. También se han identificado beneficios del aislamiento sísmico en edificios como oficinas, hospitales y viviendas.
Normas desde 1981 y diseño flexible
Los estándares más estrictos se implementaron en Japón en 1981, tras la enmienda a las normas resistentes a los seísmos surgida a raíz del terremoto de Miyagi ocurrido tres años antes. La regulación exige que los edificios posteriores a esa fecha resistan terremotos de gran escala sin sufrir daños estructurales colapsables. La consecuencia directa para la gente es que, en sismos fuertes, aumenta la probabilidad de que las estructuras no colapsen.
La filosofía del diseño pasó de reforzar la estructura a flexibilizarla y absorber energía, y también se acompañó de una supervisión más estricta. Desde el terremoto de Kobe de 1995, que dejó más de 6.400 fallecidos, el número de edificios con aislamiento sísmico creció de forma constante. Con el tiempo, expertos han señalado mejoras en el comportamiento de este tipo de construcciones en eventos de gran magnitud.
Aislamiento sísmico y el caso Aneha
El sector, sin embargo, enfrentó un revés en 2005 con el escándalo Aneha, cuando el arquitecto Hidetsugu Aneha admitió haber falsificado de manera sistemática cálculos de resistencia estructural de decenas de edificios. Hasta el cierre de esta edición, no se detallan en el artículo las dimensiones exactas del impacto de ese caso sobre cada tipo de obra, pero sí se describe como una alteración relevante del control técnico. Lo que se sabe es que el episodio expuso vulnerabilidades en la verificación de cálculos.
El profesor emérito de sismología de la Universidad de Tokio Robert Geller indicó que, en general, los edificios construidos después de 1981 tuvieron un buen comportamiento estructural y que “apenas existe corrupción, si es que la hay”. Aun así, los terremotos de Noto (2024) y de Kumamoto (2016) dejaron 720 y 273 muertos, respectivamente, según el artículo. Lo que falta por confirmar es el grado exacto en que esos resultados se vincularon, edificio por edificio, con el cumplimiento o la actualización de requisitos.
Lecciones de Noto y Kumamoto
Mineo Takayama, profesor de la Universidad de Fukuoka especializado en sistemas de aislamiento sísmico, señaló que los edificios sismorresistentes mantuvieron a los residentes a salvo al evitar el colapso, aunque registraron daños como fisuras en muros. En el artículo también se menciona que el problema habría estado en edificios antiguos que debían demolerse o reforzarse y no lo fueron. Para Geller, el riesgo no puede tratarse como exclusivo de la zona de Nankai, y sostuvo que Japón es un país propenso a terremotos que pueden ocurrir en cualquier sitio, momento y sin aviso previo.
De cara a futuros sismos, el punto práctico para el lector es revisar si las edificaciones cuentan con criterios actuales de resistencia y, cuando corresponda, priorizar refuerzos o reemplazos de estructuras antiguas. Las autoridades y especialistas, según lo descrito en el artículo, también deben evitar que el riesgo se perciba como concentrado en un solo corredor sísmico. En conclusión, Japón ha reducido el colapso con normas y tecnologías, pero los casos recientes muestran que la actualización y la supervisión siguen siendo determinantes.
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