Andrés Mortola: 10 tips para manejar tu tarjeta de crédito en compras de Navidad
Navidad sin deuda: cómo usar la tarjeta con cabeza fría

Por Andrés Mortola, Experto Financiero
En Navidad, la tarjeta no debería mandar en tu vida. Yo prefiero ponerle un límite al gasto, comprar con intención y usar el calendario de corte a mi favor, porque la Navidad pasa, pero la deuda se queda.
Arranco por lo básico: establecer un presupuesto navideño. Defino un monto total para regalos, cenas y decoración, y no me salgo de ese límite aunque me pongan enfrente ofertas “irresistibles”. Al final, no es amoroso el que más gasta, sino el que da con intención; yo no necesito representar mi amor con un regalo.
Trato de dar lo que puedo, a los que puedo. Y si toca, explico la situación, porque no es necesario quedar bien a punta de endeudarse. Si mi presupuesto es de 300 dólares, es 300, punto.
La tarjeta no es el problema, el desorden sí
El segundo filtro es igual de directo: uso la tarjeta solo si puedo pagar el total al corte. Me aseguro de cubrir el valor completo para evitar intereses, porque la Navidad pasa, pero la deuda queda. Si compro un regalo de 100 dólares el 5 de diciembre y el corte es el 30, tendré hasta el 15 de enero para pagar sin intereses, si entiendo bien el plazo.
Por eso compro los primeros días del ciclo: aprovecho el periodo de gracia usando la tarjeta justo después de la fecha de corte. Más días, más respiro financiero.
El calendario del corte y la tentación de diferir
Si mi tarjeta corta el 30, compro el 1 de diciembre y tengo hasta el 15 de enero para pagar. Si corta el 15, comienzo a comprar desde el 16 y tengo hasta el 30 de enero para pagar. Parece un detalle, pero en diciembre ese detalle te salva.
La cuarta idea es evitar diferirlo todo. Con tantas ofertas aparece la tentación de pasar todo a cuotas, pero yo solo difiero lo que realmente necesito a varios pagos, y siempre con cuotas sin intereses. Un regalo de un día no debe durar 12 meses de pago.
La diferencia entre “comprar” e “invertir”
Ahora, si voy a “invertir” en algo como un televisor, una refrigeradora o un celular —sobre todo si lo necesito para trabajar—, lo pienso distinto. Yo acabo de hacer una inversión en un celular. La semana pasada me robaron: me bolsiquearon. Nunca pensé que me iba a pasar; yo decía que eso solo se ve en los videos.
Pero sí. Estaba en el malecón viendo la prendida del árbol con mi novia y, de pronto, entre apretujones y empujones, sentí que me sacaron el celular del bolsillo. Miré alrededor: había como 20 personas y no sabía a quién dirigirme. Incluso una señora me dijo “se le cayó este” y me dio unos lentes rotos; era un despiste. Caí como gil. Así que tuve que comprarme un nuevo teléfono.
Lo que sí se difiere y lo que no
Ya tenía algunos años el mío, así que me tocó invertir en uno nuevo. Uso la palabra invertir porque sé que con eso voy a trabajar mejor. Y sí, tuve que diferirlo, pero es un bien que me va a durar 3, 4 o 5 años. Aun así, vuelvo al punto: solo difiero lo que realmente necesito a varios pagos y siempre con cuotas sin intereses; un regalo de un día no debe durar 12 meses de pago.
Por ejemplo, la cena navideña no se difiere. La cena navideña se paga de contado. Me parece mejor pagarla de contado que diferirla seis meses.
Compras sin impulso: la deuda no se ve en el árbol
La quinta idea es no comprar por impulso. Hago una lista de lo que necesito y evito ir a dar una vuelta “a ver qué hay”, porque el impulso de hoy es la deuda de mañana. Antes de ir al centro comercial, reviso mi lista y mi presupuesto.
La sexta es comparar precios antes de usar la tarjeta. Me aseguro de que realmente estoy aprovechando una oferta, porque descuento no siempre es sinónimo de ahorro. A veces encuentras el mismo juguete 30% más barato en otra tienda o en línea. Pilas: comparar.
Una sola bala, un solo blanco
La séptima idea es usar una sola tarjeta para concentrar gastos. Se lleva mejor el control si, para Navidad, uso una sola tarjeta: una sola bala, un solo blanco. No mezclo compras en tres tarjetas y luego pierdo el control de fechas y montos.
La octava es evitar avances en efectivo. Los avances generan intereses desde el primer día. Avanzar en efectivo es retroceder en tus finanzas. Si necesito efectivo, prefiero usar mi presupuesto o mis ahorros.
El voucher de 500 dólares y la costumbre de revisar
La novena idea es revisar consumos con frecuencia. Uso la app del banco para verificar consumos en tiempo real. Lo que no se mide, no se controla. Si descubro un cobro duplicado, lo reporto a tiempo. A mí me acaba de pasar.
Yo hice el evento Money Day y, por cierto, los espero el próximo año: va a estar espectacular, no saben todo lo que estamos preparando, y es en octubre de 2025. Resulta que tuve que llevar a mis expertos a un hotel aquí en Guayaquil y, como siempre, te piden un voucher de garantía por consumos de habitación. Yo dejé mi voucher.
Planificar desde noviembre y pensar el año completo
Luego mis invitados hicieron check out, salieron y se fueron a sus países. Yo llamé al hotel pidiendo que anularan el voucher porque ya estaba todo pagado: pagamos con la compañía, hicimos una transferencia y cubrimos todo. No era la primera vez que lo hacía; ya lo he hecho años anteriores. Me llega el estado de cuenta —y yo siempre lo reviso para ver qué he gastado y en qué me he sobrepasado, porque también me pasa— y resulta que me habían cobrado el voucher.
Tuve que llamar a reclamar: no era un voucher de 100 dólares, nos tomaron uno de 500. Me tocó insistir, porque no habían anulado el voucher. Si yo no revisaba el estado de cuenta, ese cobro me llegaba y no hubiera podido reclamar.
Coaching, presupuesto anualizado y la verdad sin maquillaje
La décima idea es planear desde noviembre para el siguiente año. Ahorro mes a mes para que diciembre no sea un desastre. Navidad no debe asombrarme con la tarjeta temblando: debo planificarme. Si ahorro 25 al mes desde enero, tengo 300 dólares para diciembre sin endeudarme.
En estos momentos, les cuento que estoy en un programa de coaching personalizado para colaboradores. Así que todos los empresarios que quieran que sus colaboradores tengan mejores finanzas pueden llamarme o escribirme al 099-449-1206 para ver el programa de coaching personalizado.
Y volviendo al tema de planificar: en diciembre de 2025 yo ya debería tener mi presupuesto del próximo año, y aquí viene lo que siempre recalco: debe ser un presupuesto anualizado. ¿Qué quiere decir? Que pongo mis gastos de todo el año: matrícula del carro, matrícula de los hijos, impuesto predial, ese impuesto de la mejora que no sé para qué sirve, arreglos del auto, mantenimiento, llantas, póliza de seguro, todo el presupuesto anual. Y hay uno que siempre olvidamos: el presupuesto de viajes, no solo vacaciones al exterior; también Semana Santa y Carnaval, que también se gasta, y bastante.
Además, pongo mi presupuesto de ingresos. Una vez que tengo el presupuesto anual, lo divido para 12 y sé cuánto dinero necesito generar. Si hay utilidades, si hay 13 o 14, lo pongo en el ingreso, y así veo exactamente cuánto necesito generar para no tener problemas en 2026. Y aquí hay dos soluciones: no hay fórmula mágica; o gasto menos o gano más plata. Propósito del próximo año: gastar menos, controlar mis gastos, pero también generar un ingreso, generar un negocio.

Por Andrés Mortola, Experto Financiero
Sobre el autor
Editor de Noticias
