Rodrigo Borja, el presidente que apostó por la democracia en tiempos de fractura
Una semblanza histórica del expresidente del Ecuador que gobernó el país de 1988 a 1992

Jurista, intelectual y político de convicciones socialdemócratas, Rodrigo Borja Cevallos gobernó el Ecuador entre 1988 y 1992. Su legado quedó marcado por la defensa de las libertades, el respeto institucional y una vida dedicada al pensamiento político y académico.
Rodrigo Borja Cevallos nació en Quito en 1935 y falleció en la misma ciudad en diciembre de 2025, a los 90 años. Su vida pública atravesó más de seis décadas de la historia ecuatoriana, desde los años de inestabilidad institucional hasta el retorno y consolidación de la democracia. Abogado de formación y político por vocación, Borja combinó el ejercicio del poder con una permanente reflexión intelectual.
Desde muy joven se vinculó a la política y al pensamiento crítico. Su temprana elección como diputado, a inicios de la década de 1960, marcó el inicio de una trayectoria que lo convertiría en una de las figuras centrales de la centroizquierda ecuatoriana durante la segunda mitad del siglo XX.
Formación, ideas y vocación pública
Borja se formó en la Universidad Central del Ecuador, donde obtuvo la licenciatura en ciencias políticas y sociales y, posteriormente, el doctorado en jurisprudencia. Durante sus años de estudiante se sostuvo ejerciendo el periodismo radial y escrito, una experiencia que afianzó su interés por la palabra, el debate público y la pedagogía política.
Influido por la socialdemocracia europea, especialmente por el pensamiento nórdico y las corrientes progresistas francesas y españolas, fundó en 1968 el partido Izquierda Democrática. Desde allí impulsó una visión política basada en la justicia social, el pluralismo y el respeto irrestricto a los derechos humanos.
El largo camino hacia la Presidencia
Borja fue candidato presidencial en varias ocasiones antes de alcanzar el poder. Tras intentos fallidos en 1979 y 1984 —este último definido en una reñida segunda vuelta—, logró finalmente la victoria electoral en 1988. Asumió la Presidencia en un país marcado por tensiones políticas, crisis económica y heridas institucionales recientes.
Su llegada al poder representó un cambio de tono. Borja privilegió el diálogo, la diplomacia interna y el respeto a la separación de poderes, evitando confrontaciones con otras funciones del Estado y buscando reconstruir la confianza democrática tras años de autoritarismo.
Un gobierno de libertades y reformas sociales
Durante su mandato, Borja impulsó políticas orientadas a la defensa de los derechos humanos, desmanteló organismos represivos heredados y promovió una nueva institucionalidad en materia de seguridad e investigación criminal. Uno de los hechos más significativos de su gobierno fue el levantamiento indígena de 1990, frente al cual optó por el diálogo y el reconocimiento de derechos colectivos.
Su administración también desarrolló programas de alfabetización, educación bilingüe y ampliación del acceso educativo, reduciendo significativamente el analfabetismo. En el ámbito social, se implementaron políticas de rehabilitación penitenciaria y programas de atención a sectores históricamente excluidos.
Tensiones políticas y cierre del mandato
Aunque Borja inició su gobierno con mayoría legislativa, la pérdida de apoyos parlamentarios a partir de 1990 generó un clima de inestabilidad política y constantes juicios a su gabinete. A pesar de ello, mantuvo una conducción institucional que le permitió concluir su mandato sin rupturas democráticas.
Al final de su período, su imagen pública se vio parcialmente reivindicada, especialmente por su defensa de las libertades civiles y su postura frente a casos emblemáticos como la investigación del caso Restrepo, considerado posteriormente un crimen de Estado.
El intelectual después del poder
Tras dejar la Presidencia en 1992, Borja continuó participando en la vida política como dirigente de Izquierda Democrática y volvió a postularse a la Presidencia en 1998 y 2002, sin éxito. A partir de entonces se retiró de la política activa y se volcó de lleno a la academia y la escritura.
Su obra más ambiciosa, la Enciclopedia de la Política, es considerada una de las contribuciones intelectuales más importantes del pensamiento político latinoamericano. Publicada en varias ediciones, refleja su esfuerzo por unir teoría y práctica, poder y ética, experiencia y reflexión.
Vida personal y legado
Casado desde 1966, Borja fue padre de cuatro hijos y mantuvo una vida familiar discreta. Recibió numerosas distinciones nacionales e internacionales, entre ellas condecoraciones de alto rango y doctorados honoris causa en universidades de América y Europa.
Rodrigo Borja Cevallos deja un legado que trasciende la coyuntura política. Fue un presidente que gobernó sin estridencias, un intelectual que pensó el poder desde la ética y un demócrata convencido en tiempos en que la democracia no siempre fue una certeza.
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