¿Deben jubilar a Santa Claus?
La polémica que sacude a la Navidad moderna. Tendencias insinuan que Papá Noel podría estar “listo para el retiro”.

Campañas internacionales, películas y tendencias digitales han insinuado que Papá Noel podría estar “listo para el retiro”. Pero ¿de verdad estamos preparados para despedir al viejito de barba blanca? ¿Qué dirían los niños del mundo?
La Navidad vuelve cada año, pero la pregunta que divide conversaciones familiares y estrategias de marketing es más reciente y, para muchos, impensable: ¿ha llegado la hora de jubilar a Santa Claus?
La idea no nace en el Polo Norte, sino en el mundo de la publicidad y del entretenimiento. Desde hace dos décadas, agencias creativas, marcas globales y algunas películas han coqueteado con un escenario provocador: un Santa cansado, envejecido, buscando sucesor o tomándose, al fin, un descanso bien merecido. La propuesta, por supuesto, no es literal; es un recurso narrativo para mover emociones, generar conversación y renovar la tradición.
Uno de los casos más recordados ocurrió en Finlandia en 2005, cuando una campaña anunció que Papá Noel estaba evaluando retirarse y buscaba a alguien que lo reemplazara. El anuncio fue un terremoto mediático: padres molestos, niños confundidos y marcas encantadas con el ruido que generó. El viejo Santa, por supuesto, no se retiró. Pero el debate quedó sembrado.
El cine también ha jugado con esta idea. La saga Santa Cláusula, protagonizada por Tim Allen, convirtió el relevo de Santa en un ritual casi corporativo. Allí, Santa envejece, se equivoca, se cansa… y finalmente es reemplazado. El mensaje: incluso los mitos necesitan renovación, pero la magia nunca desaparece.
Más recientemente, historias locales han dado un giro emotivo a esta narrativa. En México, por ejemplo, un hombre jubilado se convirtió en “Papá Noel de las calles”, llevando regalos a personas sin hogar. Para muchos, este tipo de iniciativas son pruebas de que la tradición es más grande que el personaje: si Santa descansara, siempre surgiría alguien dispuesto a ocupar sus botas.
Pero la pregunta inevitable es: ¿qué dirían los niños modernos ante la idea de un Santa retirado? Las respuestas, según expertos en psicología infantil, dependen de la edad.
Los más pequeños, aún en plena fantasía, rechazarían la idea con fuerza: Santa no puede jubilarse porque “sin él no hay Navidad”.
Los mayores, a punto de descubrir la verdad, podrían verlo como parte del paso a la madurez: una transición, no una pérdida.
Los padres, en cambio, cargarían con el dilema emocional. Santa Claus no es solo un símbolo comercial: es un puente hacia su propia infancia, hacia noches de ilusión, juguetes escondidos y cartas llenas de deseos. Jubilar a Santa, para muchos, sería jubilar una parte de sí mismos.
La estrategia de “quitar” o “jubilar” mitos ha sido tendencia en campañas internacionales que buscan sorprender a audiencias saturadas. Sin embargo, pocas figuras culturales resisten tanto como Santa. Cada vez que se insinúa su retiro, la reacción global demuestra lo mismo: la sociedad no está preparada para despedirlo.
Porque Santa, más allá del traje rojo y la barba blanca, simboliza la única cosa que no queremos que se retire jamás: la capacidad humana de creer en algo bueno, aunque sea por una noche.
Y entonces, la pregunta final se vuelve inevitable:
Si algún día Santa Claus faltara…
¿Quiénes lo extrañarían más: los niños o los padres?
Sobre el autor
Editor de Noticias


