AQUI TE LO EXPLICO: ¿POR QUÉ LAS ENTRADAS SON CARAS EN EL MUNDIAL 2026?
Los boletos no solo se venden por ubicación, sino por “experiencia”: zonas hospitality, paquetes VIP, etc.

Más allá del fútbol: sedes, negocio y experiencia premium
El Mundial 2026 no solo marcará un antes y un después por tener 48 selecciones y 104 partidos. También pasará a la historia por algo que muchos hinchas ya están sintiendo en el bolsillo: será el Mundial más caro jamás organizado para quienes quieren vivirlo en los estadios.
La primera razón está en las sedes. Estados Unidos, Canadá y México albergarán el torneo, pero la mayoría de los partidos clave se jugarán en ciudades estadounidenses con uno de los costos de vida más altos del planeta. Alojarse, comer y transportarse en lugares como Nueva York, Los Ángeles o Miami ya es caro en un año normal; durante un Mundial, los precios se disparan.
Te venden experiencias
A eso se suma el modelo de negocio de la FIFA, que ha evolucionado hacia una experiencia cada vez más premium. Los boletos no solo se venden por ubicación, sino por “experiencia”: zonas hospitality, paquetes VIP, servicios exclusivos, acceso a eventos privados y comodidades que elevan el precio final muy por encima de ediciones anteriores. El fútbol sigue siendo el centro, pero el espectáculo ahora se vende como lujo.
Otro factor clave es la alta demanda internacional. Estados Unidos tiene una enorme comunidad migrante, especialmente latinoamericana, que ve este Mundial como una oportunidad única para ver a su selección sin cruzar océanos. Esa demanda masiva permite que los precios suban sin freno, tanto en la venta oficial como en la reventa.
La reventa es, de hecho, uno de los grandes aceleradores del costo. Aunque la FIFA mantiene precios oficiales, las plataformas secundarias ya duplican o triplican esos valores. Un boleto que cuesta 180 dólares puede superar fácilmente los 800, y en partidos de alto perfil los precios alcanzan cifras que antes solo se veían en finales de Champions League.
Los hoteles varían de precio
El alojamiento es otro golpe duro para el hincha promedio. Hoteles, Airbnb y alquileres temporales ajustan tarifas según eventos masivos, y el Mundial 2026 no será la excepción. Muchos aficionados deberán reservar con más de un año de anticipación o compartir hospedaje para reducir costos, algo impensable en torneos pasados.
Además, este será un Mundial fragmentado geográficamente. A diferencia de ediciones anteriores donde varias sedes estaban cerca, en 2026 viajar de una ciudad a otra puede implicar vuelos internos largos y costosos. Seguir a una selección en fase de grupos puede significar recorrer miles de kilómetros dentro de un mismo país.
Nuevo tipo de espectadores
Todo esto responde a un cambio profundo: el hincha dejó de ser solo espectador y pasó a ser cliente. El Mundial ya no se diseña pensando únicamente en llenar estadios, sino en maximizar ingresos por experiencia, marca y consumo. Quien puede pagar, vive un evento inolvidable; quien no, lo sigue desde casa o en pantallas públicas.
Por eso, más allá del fútbol, el Mundial 2026 representa una nueva era. Una Copa del Mundo gigantesca, moderna y espectacular, pero también excluyente para muchos bolsillos. No es que el fútbol haya cambiado; es el negocio alrededor del fútbol el que ahora manda. Y eso es lo que nadie te explicó.
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