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Alias Marino: de militar, accionista a cabecilla invisible de Los Lagartos

El asesinato de Stalin Olivero Vargas en Isla Mocolí expuso la trayectoria de un objetivo de alto valor, sus empresas y los nexos criminales que marcaron su ascenso.

Alias Marino: de militar, accionista a cabecilla invisible de Los Lagartos
Adrián Cárdenas
Adrián Cárdenas9 de enero de 2026
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Stalin Rolando Olivero Vargas, conocido como alias Marino, fue asesinado la noche del 7 de enero de 2026 en una urbanización de Isla Mocolí, en Samborondón. Las autoridades lo identificaron como cabecilla de Los Lagartos, organización dedicada al narcotráfico, y lo catalogaron como objetivo de alto valor por su influencia en puertos y rutas del sur de Guayaquil.

El ataque dejó además dos fallecidos —identificados como alias Novita y Borojó— y un guardia herido. El crimen ocurrió en un contexto de disputas entre estructuras criminales y activó operativos policiales en el área metropolitana.

Del perfil militar al mando criminal

Alias Marino había sido cabo segundo de la Armada, según registros oficiales, antes de su desvinculación. Investigaciones policiales lo relacionan con detenciones previas entre 2010 y 2018 por investigación, robo y contravenciones, antecedentes que coinciden con su tránsito hacia el mundo delictivo.

Fuentes de inteligencia lo describen como un “cabecilla invisible” que operaba por intermediarios y coordinaba acciones en Posorja y Guayaquil, evitando la exposición directa. Para la población, esa modalidad se tradujo en ataques planificados y de alta letalidad.

Empresas, contratos y permisos

Registros mercantiles señalan que Olivero figuró como accionista en al menos tres compañías. Una, creada en 2025 con capital de USD 20.000, declaró actividades comerciales en el centro de Guayaquil; otras dos, constituidas en 2024 y 2021, se vincularon a exportación e importación de especies bioacuáticas.

Una investigación periodística reveló que una empresa de seguridad ligada a alias Marino obtuvo un contrato público por USD 90.665 con Hidroplayas EP en 2023. La compañía contaba con permisos para portar armas —76 registradas— mientras Olivero era accionista, situación que generó cuestionamientos sobre controles estatales.

Hipótesis y disputas internas

Autoridades sostienen que alias Marino habría buscado migrar a Los Lobos, hipótesis que figura entre las líneas de investigación sobre su asesinato. También se analizan vínculos con otros jefes criminales y presuntos contactos en Dubái, señalados como nodos de coordinación y lavado.

En paralelo, se investiga su posible relación con una masacre ocurrida en 2025 en una urbanización de Samborondón, donde murieron cuatro personas asociadas a un grupo rival. Lo que se sabe es que el patrón operativo coincide; lo que falta por confirmar es la cadena de mando que ordenó esos ataques.

La firma del ataque

El homicidio de alias Marino siguió un modus operandi recurrente: sicarios con prendas similares a policías o militares, varios vehículos y uso de armas largas. La Policía informó que la ejecución tomó minutos y que luego se hallaron automotores abandonados con indumentaria táctica.

Ese patrón fue atribuido previamente a acciones coordinadas por su estructura, incluyendo el uso de drones para reconocimiento. Para las autoridades, la reiteración de la “firma” refuerza la tesis de ajustes de cuentas entre organizaciones.

Qué sigue en la investigación

Los investigadores profundizan en flujos financieros, permisos y contratos, así como en los vínculos internacionales del grupo. Se prevén nuevas diligencias para establecer responsabilidades y prevenir retaliaciones.

El caso de alias Marino expone cómo una trayectoria que inició en la institución militar derivó en liderazgo criminal con impacto en seguridad y contratación pública. El cierre del expediente dependerá de esclarecer la autoría intelectual y los nexos que sostuvieron su poder.

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